Prensa / Conajum Tepic 2009 | Rafael Luquín López
José Radilla Torres
Superior General de los Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal
En entrevista para la Prensa Oficial del CONAJUM 2009, el Padre José Radilla Torres, Superior General de los Misioneros de Cristo nos narra la historia de su vocación misionera:
“Mi vocación inició en un CONAJUM. Hace catorce o quince años, fui al CONAJUM ’94 en Monterrey. Yo llegué a brincar, gritar y hacer amigos, como uno de estos jóvenes, no pensé en nada más. No me acuerdo de ninguna conversación, de ninguna conferencia, no recuerdo nada porque no puse atención a nada; pero sí recuerdo el testimonio de unas Religiosas Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento que estaban trabajando en Sierra Leona, África, y compartieron su testimonio dentro del panel. No sé cómo, pero mi atención se centró en esos testimonios. Fueron ‘momentos de cielo’ -así lo siento- porque fueron momentos en que dos preguntas se vinieron muy fuerte a mi mente: « ¿Y yo por qué no? ¿Qué hago yo por la Misión?» Yo decía: «eso no es para mí, está muy lejos de mí», pero la inquietud era muy fuerte.
Aquél Congreso fue en agosto de 1994 y así inició en mí este proceso; fue un moverme por dentro, un ansia, un gozo por las misiones, me gocé mucho y empezó a gestarse un cambio muy fuerte en mí. Después encontré esta Congregación, los Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal, y ellos me invitaron a participar en una convivencia; fue un encuentro en noviembre o diciembre… total que en abril del siguiente año estaba yo ingresando a la Congregación. Fue algo muy rápido.
Durante toda mi formación como seminarista, al preguntarnos a dónde nos gustaría ir a misión, mi respuesta siempre fue que a mí me gustaría ir a la Sierra Leona. A punto de ordenarme sacerdote, el Superior de la Congregación me dio la noticia que se iba a abrir la experiencia en Sierra Leona para los Misioneros de Cristo (esto fue muy de Dios porque en una congregación de muy pocos miembros tratamos de lanzarnos, fue todo un reto). Yo pregunté cuántos iban a ir, y me dijeron que dos… -ojalá me toque a mí- les dije; pero sólo me respondieron «bueno, vamos a ver…».
Ya había un elegido, y cuando me iban a ordenar llevé la carta de invitación al Señor Obispo de Acapulco, Don Rafael Bello, y cuando el Superior le compartió que se iba a abrir una misión en África, Don Rafael le dijo «Manda a éste, para que se estrene», y yo por dentro decía «Sí, que me manden». Después se vino el segundo nombre y no me tocó a mí.
Supe que Dios tiene sus caminos y me decidí a seguir trabajando desde aquí para la misión. Tres meses después de que se habían enviado a la misión, uno de ellos tuvo que regresar y me llamó el Superior y me dijo: «Prepárate porque tú eres el siguiente que se va a África». Me gocé inmensamente y siempre fui con esa disponibilidad a lo que el Señor me permitiera vivir. Fueron cuatro años de estancia en esa tierra de misión, fue un gozo, una experiencia de Dios, una experiencia muy fuerte que ha cambiado el rumbo a mi persona, a mi sacerdocio, a mi vida como religioso y como miembro de la Congregación, me entusiasmé mucho.
Así en este mini-resumen de mi vocación, pueden ver que en un CONAJUM como estos, yo descubrí mi vocación.
Hace un mes que el P. José Radilla regresó de la Misión y cuando se enteró de este 10° CONAJUM, al instante se decidió en venir y participar: “Tenía un gozo… unas ganas de compartirle a la juventud el testimonio de que vale la pena seguir a Cristo Misionero, vale la pena consagrarse a él como misionero. Yo soy vocación de un CONAJUM y me siento muy orgulloso y agradecido con Dios; hoy puedo decir que estos encuentros verdaderamente son encuentros con el Señor. Dios sabe cómo nos maneja y en qué momentos se suscita todo lo demás.
Mi experiencia más fuerte es en la misión misma. Ahí todo depende de la visión con que vas a trabajar, si vas con una visión de ver todo lo negativo, encontrarás lo negativo; pero si vas con una visión de compartir lo que el Señor te va dando, entonces, lo que se ve es un paraíso.
Estuve en Mange-Bure, y por esto que ya decía, yo le agregué ‘Paradise’. En Mange-Bure Paradise conviví con gente abierta y sincera. Ellos han sufrido la guerra, tienen apenas entre siete y ocho años de paz. Y es gente que solamente come una vez al día. Es gente muy pobre, y eso me ha marcado, al ver que dentro de su pobreza son gente inmensamente feliz, gente que goza la vida, que se vuelve solidaria y ahí es donde contemplas a un Dios cerca de ti, ahí el evangelizador sale evangelizado, y eso motiva mucho a darte con ellos.
La misión es hacer que ellos sientan que te han ganado para ellos; es hacerles sentir el amor de Dios.
Jóvenes, el Señor los ama mucho. Estamos en un ambiente donde la gente busca mucha seguridad para poder dar un paso, tenemos miedo de comprometernos. ¡No tengan miedo!, cuando el Señor llama, otorga su compañía y nos provee con todo lo necesario.
Cuando me iba a la misión a África, muchos me decían «¿qué vas a hacer allá? hay muchas enfermedades, muchos animales, mil cosas». Cuando yo estaba allá y escuchaba tantas noticias y tragedias de México me decía: «gracias a Dios que estoy acá». Y al final, nada malo me pasó.
Jóvenes, no tengan miedo. Vale la pena seguir a Cristo. En este camino que a veces parece incierto decimos: « ¿y qué tal si fracaso, si fallo, si eso no es para mí, si no es mi vocación?». Yo les digo que si el Señor los llama y ésa es su vocación, nunca se las va a quitar, y la va hacer crecer, los hará fuertes y valientes, y los proveerá… ¡Adelante! porque vale la pena seguir a Cristo. Y que ese ideal misionero nunca se apague en ustedes, ojalá que lo cultiven, que lo fomenten y lo den, porque dando ustedes van a crecer y así se va ir extendiendo el Reino de Cristo hasta los últimos confines: ¡ADELANTE!

Damos gracias a Dios por el hermoso testimonio y amistad que nos ha brindado a través de Padre Pepe MCIU. Gracias también a Nuestra Madre María Inés, que No tuvo miedo y se lanzo confianda en Dios a la Misión.
Saludos Padre Pepe.
Jorge, Socorro, Adriana, Mauro, Jorge, Cecy e Iván.
Dios te bendiga,